Prostituyen menores en campos agrícolas de San Diego
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Tráfico
y explotación sexual de menores en San Diego
Niñas
y adolescentes mexicanas son secuestradas y llevadas
a San Diego, donde son obligadas a prostituirse en
campos agrícolas
El
Universal
Jueves 09 de enero de 2003
Anabel Hernández/Enviada
(Primera Parte)
San
Diego, Cal. Cuando Rick Castro, oficial del sheriff
del condado de San Diego, irrumpió en la casa de
Vista, un suburbio de clase media baja al norte de
San Diego, lo primero que vio fueron los desvalidos
ojos marrón de una niña de no más de 14 años,
menuda, con la cabellera hasta media espalda,
vestida con una diminuta minifalda negra y una
camiseta blanca con el letrero en azul y rojo USA
pegada al cuerpo.
El policía quedó
conmovido por su belleza, pero más por el terror en
su mirada. Paola llegó apenas unas semanas a la
casa de prostitución, arrastrada desde Morelos por
los hermanos Salazar. Julio, Tomás y Luciano
Salazar Juárez son los capos de la principal red de
tráfico y explotación sexual de niñas y
adolescentes mexicanas que desde hace más de 10 años,
en pleno día , opera en campos agrícolas y
suburbios de San Diego.
Los tres oaxaqueños
han hallado en el país de las oportunidades el
terreno propicio para construir un imperio de
lenones que trafican desde el sur de México hasta
la frontera norte con su mercancía humana. A su
paso, secuestran, extorsionan, corrompen y violan
las leyes nacionales y de Estados Unidos, sin que
les pongan freno.
Esta es la primera
de tres partes de una investigación realizada por
EL UNIVERSAL, en la que durante una semana se
recabaron testimonios, datos, documentos y pruebas físicas
de la forma en que actúa esta organización
delictiva, que según los informes se ha extendido
hasta Fresno, Nevada y Nueva York.
Christopher Tenorio,
fiscal federal del Departamento de Justicia del
Distrito Sur de California y Castro, revelaron para
este diario los detalles de la forma en que opera la
banda. A finales del 2001 la agencia de
investigaciones, FBI, inició una investigación
formal contra los Salazar, quienes se presume también
están involucrados en el tráfico de drogas.
Centenas de niñas
, de 12 a 18 años de edad, originarias de Puebla,
Oaxaca, Michoacán, Morelos y Veracruz, han sido
secuestradas o engañadas para se r despojadas de
todos sus derechos humanos y ser convertidas en
esclavas sexuales en los terregales de los campos
agrícolas.
Los puntos de San
Diego donde opera la red son: Vista, Las Casitas de
Escondido; Las Antenas, en Carlsbad; Carrizales, en
Oceanside; Del Mar , y Los Gatos, en Valley Center .
Paola, la "niña
USA" como quedó archivada en el expediente,
era manejada por Tomás Salazar. En los pocos días
que la joven tenía en la Unión Americana ya había
recorrido todos los campos de explotación.
Por su belleza se
convirtió en la mercancía preferida, y día y
noche tuvo que atender a filas de hombres, bajo
techo o la intemperie. De los 20 dólares que pagaba
cada cliente, ella nunca recibió ni uno solo. Todo
el dinero se lo quedó Tomás.
Las casas de
prostitución
Esta es la más
grande organización de prostitución en todo San
Diego, asegura Castro.
Desde 1996, el
policía de origen mexicano nacido en EU, sigue el
rastro de los hermanos Salazar. Cuan do entré a
trabajar con el sheriff era el único que hablaba
español y en ese tiempo me dieron para investigar
el caso de prostitución de menores. El expediente
tenía dos años abierto, pero nunca lo habían
atendido porque ningún policía hablaba español,
recuerda el hombre de 39 años de edad, quien hoy es
una de las principales fuentes de información del
FBI.
Se pasó meses
siguiendo a Julio, Tomás y Luciano Salazar,
recuerda. Tomó fotografías de las casas de Vista,
donde prostituían a las menores; vigiló sobre las
carreteras el paso de camiones que iban cargados de
clientes hacia los campos de explotación sexual y
recabó testimonio de los vecinos.
Tres años después,
con una orden de cateo de la Corte, junto con la
policía migratoria (SIN), Castro pudo entrar a las
casas de prostitución ubicadas alrededor del Bar
Kelly`s, sobre avenida North Santa Fe. Encontró
decenas de mujeres, entre las que estaban niñas
entre 12 y 16 años de edad, víctimas de explotación
sexual comercial.
Cuando llegamos a
las casas encontramos bitácoras de los números de
servicios que daba cada mujer y un cronómetro para
contar los 10 minutos que podía atender al cliente.
Hallamos decenas de cajas de condones, cada una de
mil, vacías. Así nos pudimos imaginar cuantos
clientes tenía la casa y el dinero que generaba.
También encontraron refrigeradores llenos de
cervezas, anaqueles repletos de alcohol y armas
cortas.
Castro recuerda que
cuando interrogaron a las menores decían que tenían
más edad, 19 o 20 años, "pero sus cuerpos y
sus ojos reflejaban mucho menos edad". Fue así
que conoció a Paola.
Las mujeres mayores
se negaron a testificar en la Corte, pero a cambio
le dieron las pistas y direcciones de otras casas
que tenían los Salazar, y así ha podido
desmantelar 25 lugares.
Cómo consiguen
a sus víctimas
Nadie sabe cuántos
integran la organización, pero las investigaciones
realizadas por las autoridades, revelan que se trata
de un crimen organizado de varias piezas: los
enganchadores quienes localizan a las víctimas, los
polleros que las llevan a EU, y los padrotes
quienes comercian sexualmente con ellas.
Las niñas y
adolescentes traficadas por los Salazar, son pobres
en todos sentidos. No tienen dinero ni futuro, no
saben leer ni escribir.
Los Salazar tienen
varias formas de llevarse a sus víctimas: se
relacionan sentimentalmente con ellas, convencen a
la menor y a sus familiares de llevárselas a
trabajar a EU o se las roban.
Muchas tienen hijos,
ya sea de alguno de los tres hermanos o de otras
personas. Estos son arrebatados de sus madres y se
convierten en rehenes; cuando alguna intenta huir la
amenazan con la muerte de su hijo.
Para llevar a las
menores hasta Estados Unidos, los explotadores pagan
hasta mil 500 mil dólares por cada una, asegura
Castro. Generalmente las cruzan por Tijuana y Tecate.
Sus principales cómplices son "Miguel Hernández
o Tonatiuh", Edmundo Zitlapopoca, Arturo y
Pedro López, ambos d e Atlixco, Puebla.
Los tres Salazar
Los hermanos
Salazar llegaron a San Diego sin un centavo.
Empezaron el "negocio" prostituyendo a sus
esposas, ahora sobre ellos corren historias sobre la
cruel explotación a menores, los fajos de dólares
que se llevan de los campos agrícolas y los
castigos que infieren a quienes pretenden escapar.
Una vez en una de
las casas de Vista, Julia, de 17 años se negó a
trabajar. Tomás, quien la explotaba, cerró el
negocio y delante de las demás la golpeó con un
gancho hasta desprenderle la carne de brazos,
piernas y espalda. Fue encarcelado por violencia doméstica
y purga una condena de 20 años que le es más
llevadera con los miles de dólares que gana
semanalmente a través de las mujeres que explota aún
tras las rejas.
Luciano fue
detenido los últimos días de diciembre pasado
cuando se presentó al velorio tres mujeres que
prostituía. Hasta ahora sólo fue detenido por
indocumentado, pero según afirmaron Tenorio y
Castro se recaban pruebas para procesarlo por
explotación de menores y desenmascarar la red.
Julio, de 37 años
de edad, es el mayor de los hermanos y líder de la
organización. Es el único con estancia legal y
tiene un negocio de grúas en las que, dicen,
transporta drogas. Está libre y asegura Castro, es
el peor de todos.
Tráfico
y explotación sexual
El Universal
Viernes 10 de enero de 2003
Nación, página 20
Anabel Hernández/Enviada (Segunda
parte)
Relata una sicóloga
una de las más impactantes historias de prostitución.
Reyna, que llegó cayó en las drogas y el alcohol,
logró recuperar a su hijo
San
Diego, Cal. La primera vez que Marissa Ugarte vio a
Reyna fue a finales de 2001, en el Departamento de
Policía de San Diego, California. La niña de 15 años,
con apariencia de 30, con el labio partido y el ojo
cerrado por la paliza que acababa de recibir, se
mantuvo recia, en pose de mujer fatal. Fue cuando
comenzó a revelar su historia que se desmoronó y
salió a relucir una criatura lastimada.
Marissa, nieta de
Salvador Ugarte fundador y exdueño de Bancomer, jamás
imaginó cuando hace cinco años llegó a vivir a
esta ciudad, que sería testigo de una historia
infame, y aún sin final feliz; que pasaría horas
oyendo los sollozos más profundos que hubiera
escuchado nunca.
Cómo imaginar que
San Diego, paraíso de miles de niños que año tras
año visitan los parques infantiles Sea World, Wild
Animal Park y San Diego Zoo, pueda convertirse, para
algunos, en un infierno. Este es el dirty secret
de esta ciudad, como lo llaman las organizaciones no
gubernamentales, que vi! vió durante siete meses
Reyna, una de las víctimas de la banda de tráfico
y explotación sexual infantil que opera en San
Diego, liderada por los mexicanos Julio, Tomás y
Luciano Salazar Juárez.
Marissa comenzó a
escuchar rumores sobre el tráfico de menores,
falsas adopciones y venta de niños, cuando trabajó
en el DIF de Tijuana, en 1997. Escuchó que estaban
siendo llevados a San Diego para ser utilizados en
pornografía.
Fue hasta 2000,
cuando inició su trabajo como sicóloga del EYE
agencia de apoyo a menores en crisis, en San Diego,
que comenzó a tener la certeza de lo que aquí
sucedía. En este condado, desde Escondido, Point
Loma, hasta Balboa Park, en el corazón de la
ciudad, hay todas las formas de explotación sexual
comercial ilegal: pornografía infantil, tráfico de
trabajadoras y trabajadores sexuales, en su mayoría
menores de edad, y niños de alto riesgo que están
sin ho! gar y que practican el sexo por
supervivencia. Se debe, explica Marissa, a que es
una de las zonas militares más importantes de
Estados Unidos, además de que hay un mercado
demandante de servicios sexuales, como los
jornaleros agrícolas.
"Empezamos a
escuchar que había corredor americano de tráfico
de niños y niñas que eran utilizados para
explotación sexual comercial y junto con la
Universidad de San Diego, Children`s Hospital y la
asesoría legal del Departamento de Justicia de San
Diego, creamos el Corredor Bilateral de Protección
para la prevención y erradicación de la explotación
sexual comercial de menores", al cual
pertenecen 35 organizaciones de Estados Unidos y México,
y del que Marissa es directora ejecutiva.
En 2001 informó al
consulado de México lo que estaba pasando en los
campos agrícolas. Niñas y adolescentes mexicanas
estaban siendo explotadas sexualmente por sus
propios connacionales. "Me ignoraron, creyeron
que no era cierto o que estaba exagerando. De! cidí
ir a UNICEF en México y denunciar lo que aquí
estaba sucediendo". Fue llamada por el
consulado mexicano y le pidieron una denuncia
concreta. Se puso en contacto con el oficial del
sheriff de la zona norte de San Diego, Rick Castro,
quien había investigado a la banda de los hermanos
Salazar durante tres años. El consulado hizo una
denuncia formal ante el gobierno federal de Estados
Unidos y exigió una investigación.
"A las tres
semanas nos cayó el primer caso", recuerda
Marissa.
Le llamó un enlace
de protección de niños en San Diego. Le informó
que tenía una niña que no entraba dentro del
criterio del Polinsky Children`s Center, porque se
trataba de una niña traficada sexualmente y no sabían
a dónde enviarla.
Marissa se comunicó
con Castro porque se trataba de un caso de Vista. El
departamento de policía local recibió una llamada
de emergencia reportando a una joven que se había
rehusado ir a prostitu! irse a los campos agrícolas
y recibió una golpiza de su padrote, Arturo López,
quien trabaja para los hermanos Salazar.
Cuando los policías
la encontraron tenía el labio rajado, estaba
moreteada y muy espantada. "Ella traía una
faldita muy corta, con una chamarrita, pintada muy
exagerada casi, casi para que su carita real no la
reconocieras. Se veía de 10 a 15 años mayor de su
edad real. Su pelo era corto, lacio, de tez morena,
nariz respingada, boca chica, una mirada soñadora,
con una actitud muy seductora.
"Cuando
comenzamos a interrogarla se desmoronó y surgió un
ser humano inundado de dolor, agonizante." La
metieron a un albergue de seguridad para mujeres
golpeadas.
El consulado se
puso en contacto con el fiscal federal y Reyna aceptó
hacer una denuncia formal. Fue así como poco a poco
Reyna fue revelando su historia: ella era de Puebla,
apenas había estudiado hasta segundo de primaria.
Su madre murió cuando tenía siete años, después
la cuidó su abuela, pero tam! bién murió, y su
padre quedó a cargo de ella. Un día, cuando tenía
11 años, él mismo la regaló a un jefe de policía
quien la abusó interminablemente. Así, en el
desamparo y con un bebé en brazos, Reyna conoció a
Arturo López, de Atlixco, Puebla. Él, con engaños,
enamorándola, la convenció de irse a trabajar como
sirvienta a Estados Unidos, para lo cual debía
dejar a su hijo con unos parientes de él. Ella no
tenía más opciones y aceptó.
Reyna fue llevada a
Tijuana, y mientras se concretaba su traslado ilegal
a San Diego, la comenzaron a prostituir en la zona
roja conocida como La Coahuila, bajo la amenaza de
matar a su hijo. Finalmente fue cruzada por un
pollero de apodo El Chivero , Alonso Sapien.
En San Diego, llegó
a vivir a un departamento de Vista donde también
estaban otras niñas como ella. A la semana ya
estaba en los campos agrícolas de explotación
sexual.
"El horror es
la cantidad de hombres que a sus 15 años la
obligaban a atender como sexoservidora.! En una hora
llegó a atender a más de 20 hombres y la hacían
trabajar de ocho de la mañana a dos de la tarde.
Estamos hablando no sólo de la prostitución, sino
de esclavitud, de la violación de todos sus
derechos humanos", señala Marissa.
"Ella comenzó
a sentirse mal físicamente. Se debe entender que
cualquier persona obligada o que se autoobliga a ser
víctima de explotación, el deterioro físico,
emocional y espiritual es gravísimo."
Reyna , para
evadirse y sobrevivir en aquel mundo, comenzó a
ingerir drogas y alcohol.
Un día, durante el
proceso judicial, Reyna se cansó de contar su
historia una y otra vez a las autoridades, porque
cada vez que lo hacía volvía a vivir lo que le
sucedió.
"Era una
revictimización terrible. Lo que yo hacía era
quedarme con ella dos o tres horas, pero había
veces en que no era suficiente. Cuando llegaba al
albergue ella se ahogaba en su propio dolor y empez!
aba el postrauma, a acordarse de toda la desgracia
de su vida desde niña", comenta Marissa, quien
estuvo con la menor en todo el proceso. Aún la
recuerda azotándose contra la pared.
"Un día llegó
y me dijo `que tal mi maquillaje`, no tenía ni una
gota de maquillaje. Fue cuando dejó de ser Reyna y
volvió a ser la niña que era, tardó más de nueve
meses en aceptar su verdadero nombre..."
La menor no soportó
más, se detuvo el proceso y lo único que pidió
fue que le devolvieran a su hijo.
A mediados del año
2002, el consulado de México comenzó a buscar al
niño.
En una redada en
Oceanside se detuvo al hermano de Arturo López,
Pedro López, y se logró que su hermano entregara
al hijo de Reyna al DIF de Puebla. Después de
superar varios candados legales lograron que la
institución entregara el niño a su madre.
A principios de
mayo de 2002, Adrián Martínez, encargado consular
de la protección de derechos humanos, viajó con
Reyna a Tlaxcala para recuperar al niño.
"El! niño ya
tenía un año tres meses, en realidad no conocía a
su mamá. La primer reacción fue llorar, pero a los
30 minutos ya no quiso separarse de su mamá",
recuerda.
Cuando Reyna
recuperó a su hijo, Marissa perdió al suyo. Murió
por un tumor en el cerebro.
Hoy, Reyna tiene
una visa "T" de persona traficada y se
encuentra en Phoenix, Arizona, en un programa
especial donde aceptan a menores que han sufrido
este tipo de problemas. Arturo López Rojas, el
hombre que directamente la explotaba escapó a
Puebla, dijeron que le iban a hacer cargos, pero
hasta ahora no ha tenido ninguna sanción. La PGR)
está investigando el caso en México.
Prostituyen
menores en campos agrícolas de San Diego
Anabel Hernández/Enviada
(Tercera y última parte)
San Diego, Cal.–
A 35 minutos del centro de San Diego se encuentra el
suburbio de Oceanside, popular por su espléndida
zona residencial y los campos agrícolas de fresas
rodeados de carrizos dorados. De ahí adoptaron el
nombre de Los Carrizales.
Aquí están los
Campos del Amor. Así es como la banda de mexicanos
que trafican y explotan sexualmente a niñas y
adolescentes mexicanas, Julio, Tomás y Luciano
Salazar Juárez, llaman a los terregales donde
diariamente son llevadas sus víctimas para dar
servicios a los jornaleros que trabajan en los plantíos.
De 100 hasta 300 hombres, para todos hay servicio,
todos los días, a todas horas.
Se trata de una
prostitución al aire libre, sin paredes, ventanas,
cama ni sábanas de por medio. Ahí, en el suelo de
cuevas entre cañas, donde el único sabor que queda
en los labios de las niñas es el de tierra, sudor y
alcohol de los clientes.
"La primera
vez que fui a los campos no vomité sólo porque no
traía nada en el estómago. Es realmente algo
grotesco, inimaginable", recuerda Patricia,
nombre ficticio de una doctora que trabaja con
recursos del gobierno y quien desde hace más de
cinco años ha tenido contacto con los hermanos
Salazar para prevenir el sida y enfermedades venéreas
en las menores explotadas.
Si quería ayudar a
las chavitas tenía que hacer una relación con los
padrotes, eso lo aprendí en Guadalajara, en donde
trabajé hace muchos años. Tuve que convertirme en
alguien que no juzga, no emite opiniones, sólo
escucha.
Una vez uno de los
Salazar me llevó porque las muchachas no bajaban...
"Si se avanza
sobre la avenida North River, al principio sólo se
aprecian las enormes casas valuadas en más de 300
mil dólares. Estilo californiano. Tejados rojos,
fachadas en colores del crema al naranja, y flores
en las jardineras.
Justo atrás de las
residencias se extiende el campo agrícola,
propiedad del japonés Víctor Sang.
"Para llegar a
los campos del amor la referencia es el Super 7 y la
gasolinera CIT 60 en North River, esquina con
College Boulevard.
"A unos metros
de la gasolinera, en contraacera de una iglesia
bautista, está el señalamiento de un ducto de
combustible en el que hay una toalla enredada, abajo
está el campo y en él se abre una brecha.
"Es un área
de carrizales espesos en la que uno no puede ver quién
está al lado. Una vez adentro, a un kilómetro de
la avenida, los carrizales se cierran y hay que
pasar agachados.
"En la
espesura se encuentran cerca de ocho cuevas hechas
entre los carrizos, una contigua a la otra. Hay
pedazos de bolsas de plástico amarradas a las cañas.
Estas son usadas por las menores para tirar el papel
de baño con el que se limpian después de cada
relación y los condones de los clientes. Una vez
que terminan las bolsas son arrancadas para no dejar
evidencia.
"Dentro de las
cuevas, en el suelo, hay envases vacíos de cerveza,
cajas y botellas de licor, jirones de telas, restos
de cobijas, plásticos en el suelo, gorras,
camisetas... mudos testigos de las horas de horror.
"Todo esto
mezclado con empaques de condones abiertos y decenas
de preservativos utilizados que derraman en la
tierra el semen contenido. El olor de almizcle lo
inunda todo hasta revolver el estómago. Este es el
infierno, el llano en llamas.
"Cuando vine
aquí en una hora yo conté que una muchachita había
atendido a 35 hombres, uno tras otro... sólo se
levantan la falda... es sólo una masturbación
vaginal", continúa Patricia. "Generalmente
con quien hacen eso es con las muchachitas que ya no
son vírgenes y que las traen seis meses de arriba
para abajo en los campos.
"Las que yo vi
esa vez eran muy jóvenes... no tenían más de 14 años...
ya las habían vendido mucho a los gringos. "Esta
zona esta llena de red neks (cuellos rojos, como
llaman a los granjeros americanos), son gente blanca
de ultraderecha a quienes les venden la virginidad
de las niñas.
"Presencié
muchas veces las llamadas que los gringos hacían al
celular de Julio (Salazar) para que les llevaran a
una niña cherry (virgen)."
Es este, uno de los
cinco puntos de San Diego donde los hermanos Salazar
han extendido su red.
"Aquí fueron
traídas Paola, Reyna, y decenas de niñas más.
Todas ellas Cándidas Eréndiras, de Gabriel García
Márquez, cuyos verdugos son impulsados por la
codicia.
La edad de las niñas
que se traen para explotarlas es cada vez más chica,
de 10 a nueve años. Yo llegué a ver a una niña de
siete años. ¿Qué hace una niña de siete años en
un prostíbulo?, no era hija de nadie, la estaban
usando", recuerda la doctora desesperada.
"Estamos
hablando de personas indefensas, con una historia trágica
detrás. Ellas viven en el síndrome del postrauma
en el que otorgan todo el poder a quienes las
victimizan."
La fuga de Julio
Salazar
Justo aquí, en Los
Carrizales, hace un año la banda de los Salazar
estuvo a punto de ser detenida.
En diciembre del
2001, en una operación coordinada por el Servicio
de Inmigración y Naturalización (SIN), más de 100
elementos de esa corporación, del Sheriff y el FBI
hicieron una redada.
No se atrevieron a
adentrarse en los carrizales por temor a una
emboscada, y esperaron a que salieran.
Aprehendieron a más
de 50 personas. Cinco menores que eran prostituidas
en el lugar, clientes, y a Julio Salazar, líder de
la banda, quien en medio de la confusión logró
bajarse de una patrulla y escapó.
"En este
negocio hay mucho dinero de por medio, son miles y
miles de dólares. Yo he visto cómo se acuestan con
ellas (las menores) los policías del SIN (patrulleros
fronterizos) gratis, ese es el intercambio por
protección, hasta entran a las casas de prostitución
uniformados, ¡que me parta un rayo si estoy
mintiendo!", sentencia la trabajadora social.
Las menores fueron
detenidas en los retenes de la policía migratoria
que las interrogaron sin el apoyo de psicólogos
para hacer intervención de crisis. Lo que querían
era una denuncia formal contra los Salazar para
fincarles cargos pero ellas se negaron a
denunciarlos. Fueron deportadas y todos los
detenidos liberados.
"Luché mucho
en el gobierno (de EU) y me dijeron que no hiciera
nada, que yo había firmado un certificado de
confidencialidad federal y que todo lo que a mí se
me dice no lo puedo denunciar.
"Entendí que
no puedo ponerme con Sanson a las patadas",
termina Patricia.
Las muertas de
Carlsbad
"En un paraje
similar a éste, en Carlsbad, en los últimos dos años
han comenzado a aparecer cuerpos de menores
mexicanas, con signos de tortura y abuso", señala
Rick Castro, oficial del Sheriff del Condado.
Nadie sabe quiénes
son. Ni reclaman sus cuerpos porque se presume que
son indocumentadas y que podría tratarse de mujeres
traficadas por los Salazar.
Castro afirma
desconocer el caso de las muertas de Ciudad Juárez,
pero por la descripción que hace de los cuerpos,
pareciera un modus operandi similar.
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2003 Copyright El Universal-El Universal Online, México.
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